HUMANIDAD NUEVA

Salud y Ambiente

 

Pensar en el “bien común”, partiendo del bienestar de la persona, es una clave fundamental para encontrar soluciones antes impensadas, pero también para compartir ideas y propuestas para mejorar la cualidad de la vida de nuestras ciudades, también desde el punto de vista ecológico. Desde lo global a lo particular, el compromiso para la salud y el bienestar psicofísico genera una vida adecuada, en una sociedad que se reconoce mejor.

La cultura de la vida

"¿Es en la familia la vida del otro tan valiosa como la propia? Aquí está la semilla de aquella cultura de la vida que debe informar las leyes y las estructuras sociales”.


La vida biológica, desde la concepción hasta la muerte, posee una dignidad intrínseca, que confiere a la persona un valor en sí misma. Esta dignidad se desprende de las singularidades  psico-biológicas, que es un dato científico objetivo sobre el que hay acuerdo. Precisamente ésta es la única forma de medir el valor de cada persona, su interioridad, lo que expresa, más allá de las posibles diferencias en el plano filosófico, religioso o ideológico. Cada persona representa un aspecto irrepetible y único de la riqueza de la vida y puede expresarse plenamente a sí misma en la medida en que el contexto cultural y ambiental lo permita. Frente a los continuos descubrimientos de la ciencia y de la tecnología, se pone de manifiesto la necesidad de orientar cada vez más a la sociedad a promover una cultura de la vida en todas sus formas, etapas y condiciones. El valor de la vida, unanimemente compartido, debería ser el fundamento de todo compromiso político y social.

Respecto a esto, tratemos de poner de relieve lo que ya existe:

1) ¿Hay en tu ciudad iniciativas culturales, legislativas, institucionales, de voluntariado, que expresen particular atención a las fases inicial y terminal de la vida?
2) ¿Hay en tu ciudad testimonios de profesionales de la salud, investigadores, ciudadanos, que son percibidos como innovadores en el campo de la salud y que ven al paciente no sólo desde el punto de vista bio-médico (enfermedad - diagnóstico - tratamiento), sino como persona en su conjunto?
3) ¿Existen en tu ciudad instituciones o experiencias de voluntariado que, valorando  la capacidad de los ciudadanos para mostrar su solidaridad, contribuyen a la búsqueda de la salud y la participación en la vida de los enfermos, los discapacitados, los ancianos y sus familias?
4) ¿Existen organismos sociales que sostienen el desarrollo de servicios para las personas con enfermedades específicas?

Sanar a la persona, sanar la ciudad

FBevere

 

Entrevista con el Profesor Francesco Bevere, Director General del Instituto Nacional de Tumores y del Instituto Dermatológico San Gallicano, de Roma, quien nos ilustra sobre el programa de humanización hospitalaria que se está desarrollando, desde hace más de un año, en toda la estructura. No se trata de un simple proyecto de eficiencia, sino de algo más, que implica y amplia la mirada sobre las necesidades de una gran capital.     


De Paolo Balduzzi- Roma

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Ambiente y educación para la salud

Muchos de los avances logrados en las últimas décadas en materia de salud, especialmente en los países más desarrollados, se deben al saneamiento del medio ambiente y a la difusión de hábitos de vida más correctos que en el pasado. Tanto el primero como el segundo aspecto requieren, además de la intervención directa de las instituciones, los esfuerzos de organismos educativos y la elección de los individuos. La educación en estilos de vida saludables, sin embargo, puede entrar en conflicto con los intereses de grandes poderes económicos, como por ejemplo, los de la industria alimentaria y el tabaco. Está ya ampliamente demostrado (a veces con la ejecución de una acción legal por daños y perjuicios) que estos sujetos económicos se dirigen a grupos vulnerables de la población, proporcionando información engañosa destinada a fomentar el consumo de lo que es rentable para los fabricantes, pero perjudicial para la salud pública.

Un medio ambiente sano y adecuado de educación sanitaria, que ponga en evidencia las consecuencias perjudiciales que dimanan de los mensajes de los medios de comunicación, son no sólo la tarea de las instituciones nacionales, sino también de las locales. Es conveniente además que los grupos de opinión y las asociaciones de ciudadanos cooperen a este fin.

1. ¿Existe en tu ciudad un nivel adecuado de atención a la salud pública que se encuentre en  ámbitos extra-sanitarios (trasporte público, escuelas, vivienda, gestión de residuos, espacios verdes, carriles bici, deportes de equipo, etc.)?
2. ¿Existe en tu ciudad un compromiso educativo con estilos de vida saludables (alimentación, la abstención del tabaco y de fármacos “recreativos”, la abstención de consumo excesivo de alcohol, la actividad física, la diversión y el entretenimiento, etc.)?
3. ¿De qué modo se trata de favorecerlos (en la familia, en la escuela y en los otros ambientes frecuentados por los jóvenes, a través de los medios de comunicación e informáticos)?
4. ¿Existen en tu ciudad asociaciones de autoayuda para personas con hábitos perjudiciales para la salud?

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